EL PAPEL DE LA FAMILIA EN LA CONDUCTA DE LOS HIJOS

La Familia cumple varias funciones; como institución social, apoyo económico, educa y socializa a los hijos, y por último aporta apoyo emocional. Si nos centramos en las dos últimas funciones hay que resaltar la importancia que las normas, reglas y valores cumplen en la educación de los hijos. De igual manera, es necesario que se reconozca al hijo/a, como ser único y demostrarle que, en muchas ocasiones, tienen el apoyo incondicional de los miembros de la familia.

Somos conscientes de lo complicado que resulta educar a los hijos/as, las presiones a las que se esta sometido en el trabajo, la casa, el cansancio, etc.., lo cual influye en que en muchas ocasiones no nos encontremos en las mejores condiciones para escuchar, comunicarnos y educar a nuestros hijos.

Aún así, es importante destacar que los hijos necesitan normas, independientemente de su edad, aunque sean diferentes según la edad, no según el sexo. Tanto el exceso, como la carencia de normas tienen consecuencias negativas para el desarrollo de los hijos. Las normas aportan sensación de seguridad, deben existir pocas normas pero mantenidas con seguridad y firmeza. Habrá normas que no tengan posibilidad de cambio, otras que se podrán negociar, y habrá otros temas en el que el hijo/a adquiera la responsabilidad sobre ellas. Hay que situarse sobre el comportamiento, no sobre las emociones (tiene derecho a estar enfadado, pero no a pegar por ello). Es importante que siempre haya razonamiento, sea cual sea la edad, el niño de 2 años no entiende todo el razonamiento, pero entiende que no se hace porque sí. Y hay que reforzar la sensibilidad a las necesidades de los hijos.

A lo largo de la infancia y adolescencia de los hijos, nos podemos encontrar con diferentes dificultades que en ocasiones nos sobrepasan y que en ocasiones no encontramos la respuesta; “¿por qué se comporta de esa manera?”, “¿por qué es así, si nosotros hemos intentado educar a todos nuestros hijos igual?”, “no me hace caso, da igual que se lo diga por las buenas, que por las malas”, ¿por qué tengo que repetir todos los días lo mismo para que se lave los dientes, recoja la ropa ó se ponga a estudiar?”, “siempre dice que no”, “parece que no escucha cuando le hablas”, etc.

El como nos comportamos tanto los adultos como los niños, responde a un aprendizaje. Sin quitar la influencia que el componente hereditario tiene en nuestra conducta, lo fundamental en el comportamiento de las personas es el ambiente, porque en él se generan la mayor parte de los aprendizajes. Nadie nace simpático, triste, ó desobediente, etc., sino que a lo largo de la vida vamos aprendiendo a ser como somos. Se puede decir que en este aprendizaje hay dos variables implicadas: nuestra propia conducta, lo que decimos, hacemos y pensamos. Y las conductas de los demás, o dicho de otra forma, su reacción ante lo que hacemos.

Teniendo en cuenta todo esto, se hace visible la importancia que las normas, y las diferentes técnicas de modificación de conducta tienen sobre la conducta de los hijos. Para el aprendizaje de nuestros hijos, es importante la actitud que mostramos los adultos. Por una parte, enseñando con nuestros comportamientos un modelo adecuado (al hablar con lo demás, al resolver conflictos sin pelear, cuando damos opiniones que son distintas al resto, cuando expresamos emociones de forma adecuada, etc.). Por otra parte, es importante valorar los aspectos positivos, no se puede enseñar comportamientos a nuestros hijos sólo recriminándoles lo que hacen mal. Resulta mucho más útil para el niño recibir elogios, alabanzas ó una caricia por las conductas que hacen bien, ó que están intentando mejorar. Agradecerle las cosas buenas que hace y trasmitirle lo contentos que esto nos hace sentir. Por último, enseñarles que mi “forma” no es la única de resolver un conflicto, y se le puede ayudar a que piense en varias soluciones y elija la más adecuada.

Por todo ello, se hace fundamental el papel de la familia en la conducta de los hijos. Es necesario buscar un tiempo útil con nuestro hijo/a, donde se pueda hablar de lo que ha ocurrido durante el día, lo que le preocupa y recordarle lo mucho que se les quiere. Todo ello facilitará la relación padres–hijos, les aportará seguridad emocional, y contribuirá a una mejor educación y socialización.

Almudena Fuentevilla Edesa
Patricia Díaz-Tendero Sánchez
Psicólogas
Hadi Psicología y Psicoterapia

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