¿CÓMO PODEMOS AYUDAR A NUESTROS HIJOS A AUMENTAR SU RENDIMIENTO ACADEMICO?

Manuel tiene 13 años, es un niño responsable y alegre. Dedica gran parte de la tarde a la realización de deberes y al estudio de las diferentes asignaturas. Su madre se siente orgullosa de ver que está tan comprometido con sus tareas, pero con la llegada de las notas del primer trimestre “llegaron las dudas” ¿ por qué las notas no reflejan la dedicación que Manuel le pone al estudio? Tras el primer trimestre las calificaciones de Manuel no han sido las esperadas. Dos suspensos con un 4 y el resto de asignaturas aprobadas pero sin grandes calificaciones. ¿qué está pasando?

En muchas ocasiones, les pedimos a los niños que estudien pero nos olvidamos de enseñarles cómo. Sentarse en la mesa de estudio, leer y memorizar a veces no es suficiente para que los niños ( así como los adolescentes e incluso los adultos) procesen los contenidos y sean capaces de entenderos y aplicarlos adecuadamente. Es aquí donde entran en juego las técnicas de estudio. Son habilidades, estrategias y técnicas que ayudan a mejorar y a rentabilizar el estudio.

Al hablar de fracaso escolar, debemos reflexionar sobre casos como el de Manuel. Cuando la dedicación y el esfuerzo no son recompensados, los niños (y las personas en general) tienden a emociones tales como la desesperanza, la impotencia, la frustración y la sensación de ser incapaces de conseguirlo. Lo que puede llevar a reducir la motivación del niño hacia los estudios y a que vaya poco a poco desvaneciéndose su implicación y dedicación a los mismos. Por ello, intervenciones psicoeducativas, basadas en el aprendizaje de técnicas de estudio así como de estrategias para fomentar la motivación y la seguridad en sí mismos, pueden ayudar solucionar situaciones como las de Manuel y evitar consecuencias a largo plazo.

Sin embrago, hay casos diferentes al de Manuel que también pueden beneficiarse de este tipo de intervenciones. Algunos ejemplos pueden ser Marta y Juan.

Marta, a sus 12 años, tiene una amplio historial de notables y sobresalientes. Sin embargo, en el último año sus calificaciones han bajado. Los padres de Marta, acostumbrados a sus destacables notas, no saben cómo afrontar esta nueva situación. Marta comenta que estudia igual que antes y sus padres aseguran que cuando le preguntan en casa se sabe los temas muy bien. Pero Marta llega a los exámenes y “se queda en blanco”, no es capaz de recordar y tampoco de concentrase en el examen. ¿Cómo podemos ayudar a Marta? El miedo de Marta a suspender un examen es tal, que se apoderan de ella altos niveles de ansiedad que le impiden desarrollar sus exámenes con normalidad. Una intervención dirigida a enseñar a Marta cómo controlar su ansiedad ante los exámenes, puede ser una de las iniciativas que deberían llevarse a cabo (combinada probablemente con otras dirigidas a graduar su autoexiegencia).

Juan, tiene 14 años y es un chico muy activo. Le encantan los deportes y la música. Juega al futbol en un equipo, entrena dos días en semana y tiene partidos los fines de semana. Además es un buenísimo guitarrista, lleva 2 años acudiendo a clases de solfeo y guitarra, disfruta muchísimo con ello. Este año, sus notas en matemáticas no hay sido muy buenas, por ello acude dos horas a la semana a clases particulares de matemáticas, en la misma academia en la que le dan inglés extraescolar. El problema de Juan, es que cuando llegan los exámenes, se organiza para estudiar, pero según sus palabras “no rinde”, le cuesta concentrarse y le lleva horas hacer tareas sencillas. ¿Qué está pasando con Juan? Juan es un caso claro de estrés. Los días se le quedan cortos para todo lo que tiene que hacer. Entre su horario en el Instituto y las actividades extraescolares, le queda tiempo limitado para el estudio. Sin embargo, Juan se organiza bien con todas sus actividades y programa sus tiempos de estudio. El problema es que no programa tiempo libre y de descanso, y esto es muy importante. Tener tiempo libre para ocio y relajarse llevaría a Juan no llegar tan cansado (psicológicamente) durante sus horas de estudio. Es básico programar descansos adecuados para “oxigenar” nuestro cerebro y así poder rendir al máximo durante el tiempo que destinamos a estudiar.

Estos son solo algunos ejemplos que nos sirven para representar ciertas dificultades que pueden darse. Sin embargo, es importante valorar cada caso y buscar estrategias de solución individualizadas y concretas para cada niño. Afrontar estas dificultades en el momento adecuado puede ayudaros a prevenir situaciones académicas más complicadas en el futuro.

Patricia Díaz-Tendero Sánchez
Almudena Fuentevilla Edesa
Hadi Psicología y Psicoterapia

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